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¡Deprisa! ¡Deprisa! ¡Vamos! ¡Vamos!

España Liberal, 2005-10-14

Según fuentes de la Audiencia Nacional, el juez instructor quiere ultimar -nunca mejor dicho- el sumario del 11-M antes de que finalice este año. Si es cierto lo que se asegura desde tan alta instancia -y que ya adelantó el diario El País hace más de un mes- deprisa, deprisa, como torean los diestros medrosos que no son capaces de quedarse quietos delante del toro, Del Olmo cerrará en falso lo que no tiene cierre mientras no se explique lo que hasta hoy resulta inexplicable.

Según se nos informó ayer, de los 113 imputados en la causa del 11-M, únicamente 40 serán acusados de participar en la masacre. A los 73 restantes se les se les citará como testigos de la nada, o como mucho se les juzgará por delitos menores. Jamás 70.000 folios sirvieron para tan poco. Por no saber no sabemos ni quiénes volaron los cuatro trenes ni qué explosivos utilizaron. Pero no importa, el espectáculo debe continuar respondiendo a una verdad oficial en la que soy incapaz de creer.

Los hay con mucho poder que piensan que es mejor que no surjan nuevas preguntas. Si todo está claro. Total, ¿qué más da? Si los españoles tragan con que una bolsa, trampa para incautos y pretexto para deshonestos que jamás se depositó en los trenes, sirva para mantener la gran patraña, ¿por qué no confiar en que tragarán con todo lo demás? ¿A quién le importa si el Tunecino era o no un confidente? o ¿quién reunió a todos los supuestos suicidas en un piso de Leganés?

A pesar de que en la próxima semana -cuando dejemos de caer en la estupidez de preguntarnos por qué no nos visitó un asesino en serie- conoceremos nuevas y espeluznantes informaciones sobre la matanza de Madrid, mucho me temo que no servirán para agitar las conciencias de los que ya no preguntan quién ha sido. Y es que casi todos los españoles que salieron a la calle del 11 al 14 de marzo de 2004 han desaparecido en una especie de amnesia selectiva que les impide preguntar por lo que supuestamente entonces les interesaba tanto y de manera tan urgente. Perdieron la curiosidad. Les abandonó la memoria. ¿Quién de todos ellos conoce el nombre del jefe de los Tedax o qué trampa sirvió para detener tan a tiempo a Jamal Zougam?

En cualquier caso -todavía, contra toda esperanza y, a pesar de tanto-, permítanme que no finalice este artículo desde el agujero negro del pesimismo. No sé quiénes asesinaron a 192 inocentes. Ni siquiera puedo arriesgar una hipótesis. Pero me costaría mucho conformarme con que los españoles comulguen con las piedras de Pulgarcito. Si fuera así, preferiría vivir en otro país. No podemos rendirnos. Todavía no me conformo. Tenemos tiempo. Creo que Del Olmo es un juez honrado. Flaquito pero honrado. Ayudémosle a desvelar enigma tan terrible. Exijamos respuestas. Luis del Pino y mi admiradísimo y ahora tristemente “desaparecido” Fernando Múgica han hecho su trabajo. Me consta que al menos Luis no dejará de desbrozar la infame selva en la que enterraron la verdad. Pero de poco servirá si los españoles no respondemos a su enorme esfuerzo. Nos toca a nosotros. Pásalo, pásalo. A ver si con un poco de suerte llega a Mariano Rajoy.

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