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Entrevista de Víctor de la Serna a Gabriel Alomar

El Sol, 1 de agostro de 1931

Entrevista de Víctor de la Serna a Gabriel AlomarUna brasa marcial avivada por todos los vientos, en la mar de Aragón: Mallorca. No hubo rumbo civilizado que no recalara en los fondeaderos donde cantan sirenas. Velas empurpuradas de Tiro. Velas de nieto de Ulises. Trirremes del César; naves de D. Jaime echando por delante el romance catalán en que escribiría el beato Lulio. En la aurora de los tiempos, la piragua de cuero del hombre que encendió fuegos en los «talayots». Y la nave cauta y silenciosa de Israel, sin pabellón y sin nombre.

Y luego todos los rumbos románticos de Europa, de arribada a sotavento del cantil donde quiebra albores un sol de treinta siglos: Chopin, Rubén Darío...

Brasero humanista, crisol y alquitara donde toda doctrina se entona, donde todo propósito universal adquiere acento vernáculo para salir de nuevo, mundo adelante, con garbo mallorquín.

Así cayó la doctrina marxista, tanto sobre el corazón como sobre la idea, en Gabriel Alomar, nervioso y eclesiástico, con su corbatín de cien lunares blancos. Conservada la sustancia ortodoxa del marxismo en la doctrina de la Unión Socialista Catalana -Mallorca es una isla catalana- sin duda tiene un modo original digno de ser registrado en esta hora.

Nuestro gran amigo, gala graciosa, accede a explicarnos la posición del partido que acaudilla entre los otros dos grandes hechos obreristas de España: La Unión Genera de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo.

-En Cataluña prevalece la Confederación Nacional del Trabajo sobre la Unión General de Trabajadores. Pero el apoliticismo de la Confederación daña mucho. Indirectamente coopera con la Lliga a materializar los problemas catalanes concretándolos en formas estrictamente económicas. Esa pasividad ante los asuntos que atañen a las bases fundamentales de la libertad individual ha contribuido no poco a la formación y a la duración de la Dictadura. Cataluña -como en cierto modo la Argentina- es país de inmigración proletaria. Muchos de esos núcleos de trabajadores carecen del sentido de connubio y arraigo con la tierra; es decir: de ciudadanía. Esto ha provocado ideales demasiado simplicistas y primarios cuya fórmula capital fue el anarquismo. Nosotros intentamos crear en Cataluña el núcleo de un partido socialista digno de la grandeza de Cataluña. Luchamos con graves dificultades. En primer lugar nuestro grupo adolece del defecto de estar formado por universitarios. Diría más exactamente de intelectuales.

Esperamos, sin embargo, conseguir en breve grandes resultados.

-¿Cuáles son sus relaciones con el partido socialista obrero español?

-En esto es posible que haya habido un poco de incomprensión que no parte ciertamente de nosotros. Nosotros no podemos ignorar el hecho de la voluntad autonómica de Cataluña. Y aunque teóricamente no puede haber nada más opuesto que los conceptos socialismo y nacionalismo, tampoco es natural que un partido socialista constituido dentro de cada Estado quiera confundir su vida nacional con la del Estado mismo. Si el socialismo tiende a la integración federativa de todas las nacionalidades en una solidaridad universal (que no otra cosa es el internacionalismo) es natural que esa integración se haga con los grupos nacionales que ofrezca la realidad viva. Guardando las mayores armonías con la U.G.T. y el partido socialista obrero, intentamos formar un grupo nacional idiomático, de contextura catalana, precisamente para la mayor eficacia sobre el proletariado catalán cuya aspiraciones se especializan inconfundiblemente dentro del Estado Español.

-Es curioso que el núcleo de la Unión Socialista Catalana esté integrado por intelectuales.

-Obedece esto a la naturaleza heterogénea de la masa proletaria. En Barcelona, antes de la formación del Sindicato Unico, prevaleció el anarquismo, determinado por la existencia de esa masa proletaria de acarreo y por ese fondo de romanticismo idealista de Cataluña.

-Su partido, ¿está reconocido por la Internacional Socialista?

Esto no está ultimado a causa de la juventud misma del partido. Creo que no encontraremos dificultad para ser admitidos.

-¿Tienden ustedes a absorber los núcleos de la U.G.T. en Cataluña?

-No merece la pena. Llevan una vida muy precaria, y será mejor crear núcleos nuevos y jóvenes.

-La nueva generación de intelectuales catalanes, ¿ve con atención el desarrollo del partido?

-Hasta el punto y con tal simpatía, que hemos venido al Parlamento íntimamente ligados con la Esquerra. Aunque hayamos tenido que disentir de ella en el caso concreto del voto de confianza al Gobierno. Para nosotros es cuestión primordial en este momento el asegurar la continuidad de la República, que es el verdadero eje de España. Nunca hemos perdido la confianza en que el Gobierno hará honor a sus premisas de respetar la vida y la libertad de Cataluña.

Oblicuamos la conversación. Alomar es el embajador de España en Roma. ¡En Roma, que tanto puso impronta, aliento y espíritu en la isla!

-¿Para un catalán es un honor altísimo ser embajador de España en Roma, ¿no?


-Inmenso, sí. Siento la emoción de ese cargo que me espera. ¡Gran investidura, sí, señor, para un catalán!

-Usted es mallorquín...

-¿Qué más da? Catalán de Mallorca. Como se puede ser catalán de Valencia. Proclamarse catalán no es un acto de servidumbre a Barcelona, sino ensanchar el ecúmeno de un pueblo. Catalán es el idioma de toda la costa mediterránea española hasta Murcia, y de mi archipiélago nativo.

-Y hasta de esos bravos alguereses que hablan aún catalán en un rincón de Cerdeña. ¿No?

-Eso casi está extinguido, pero aún tiene para nosotros emoción. Yo me encontré una vez un algurés en Santa María de la Victoria, viendo la Santa de Bernini. No supo decirme diez palabras en buen catalán, pero... nos entendimos.

Realmente nada más fácil que entenderse con este hombre, todo mimo y expresión, bajo cualquier sol del mundo.

Hay que esperar que España se haga entender por el profesor del corbatín estrellado, hijo de la isla donde la sirena canta y donde quiebra albores un sol de tres mil años. Allí la isla, «&sola, sola en «mig dels mars...»

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