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Entrevista de Francisco de Viu a Gregorio Marañón

La Voz, 14 de septiembre de 1931

Entrevista de Francisco de Viu a Gregorio Marañón...Yo he visto muchos gabinetes de trabajo rodeados de libros, pero no iguales a éste. En unos, los libros estaban herméticos y apretados, limpios y en uniformidad de parada; en otros, empolvados, maltrechos y como arrojados allí; en los primeros se veían libros sin lector; en los segundos, libros acaso leídos pero no amados después. En este de D. Gregorio Marañón los libros dicen su amistad con el lector y el amor y cuidado del lector, para ellos. Todo está listo para el noble servicio de nutrir, de refrescar la inquietud de su dueño.

Los paisajes accidentales del doctor son como un panorama, y él, circunstancialmente en cada uno de ellos, el centro geométrico. El paisaje suyo, íntimo, el de reposo espiritual, es esta librería también panorámica, que parece interrogarle: "¿Qué mandas, señor?"...

Unos letreritos concisos en cada estantería dicen así: "Alemania", "Francia", "Inglaterra", "Italia", "Madrid", "Sevilla", "Viajes", "Jardines de España", "Escultura"... Todos estos libros amigos están usados; no tienen en sus lomos y pastas cicatrices del tiempo ni pulimentos de cuidados: tienen huellas de caricias.

Así, como este paisaje de cosas a su figura, es el paisaje de su alma. Tiziano hubiera asociado figura y paisaje con aquella ternura poética maravillosa.

-¿Qué lo llevó a desplazar sus actividades al campo político, doctor...?

-No me he desplazado. No he abandonado por un solo momento, no abandonaré, mi actuación profesional y las otras de mi predilección. Creí que era preciso no hurtar la responsabilidad ni la colaboración en un momento trascendental en la historia de mi país, y por eso he venido a estas Cortes constituyentes. En política sólo soy un diputado de las Constituyentes, y con ellas acabará mi actuación. No volveré a ser diputado nunca, de no ser en circunstancias análogas, que Dios no haga. Figuro, como usted sabe, en el grupo de Ortega y Gasset, al servicio de la República, en un todo identificado en su ideología. Sólo por español había que venir a estas Cortes que van a rehacer a España.

Después, para gobernar, otros; todo el que pudiera debía recabar una parte de responsabilidad, y por la que pudiera corresponder he venido.

SER SOLO REPUBLICANO ES COMO NO SER NADA

-¿En qué momento dejó su monarquismo o su anuencia tácita a él y por qué reacciones de orden espiritual?...

-Yo, republicano por ideario de siempre, si la Monarquía hubiera sido lo que debía ser, hubiera convivido con su objetividad. Desde el Directorio, francamente me mostré contra ella; entre otras innumerables razones por una elemental de dignidad y propia estimación. Claro que ser sólo republicano es como no ser nada. Hay que ser, con el republicanismo, algo más de esencia substantiva, siempre con noble ideología y mirando al futuro; no a lo que somos, sino a lo que debemos y podemos ser.

EL AMBIENTE POLÍTICO

-¿Cómo se encuentra su espíritu en el ambiente y vida activa política?

-Extraño. Ya lo conocía algo y mucho a sus personas y personajes; pero a pesar de su simpatía, el ambiente y la actividad política desencajan de mí o yo de ellos. Asisto con toda asiduidad a la Cámara; aquello me es agradable, simpático en extremo, pero no sé, extraño, no acabo de entrar en él.

LAS REVOLUCIONES NO NACEN DE LA FELICIDAD

-¿Qué impresión tiene usted de la situación actual?

-Las revoluciones no nacen de la felicidad; no surgen en épocas de dicha y contento; sólo ocurren cuando el país está minado por el mal. Los asustadizos no tienen motivo ni razón para serlo. ¿Qué querían? ¿Que en una semana todo estuviera arreglado y normal? Todo lo que va bajo tierra durante muchos años, toda el agua filtrada y acumulada fuera de la vista de los que no saben o no quieren mirar estalla de una vez, se desborda, y no es tarea de días encauzarla. Ningún pueblo feliz, rico y alegre hace revoluciones. España la ha hecho por ver de recuperar las tres cosas, y yo soy un fervoroso creyente en que las recuperará.

SIEMPRE OPTIMISTA

-¿Siempre ha proclamado usted su optimismo?

-Siempre. Rabiosamente optimista siempre. Esto depende de la visión. El que no sabe o no quiere mirar ni ver más que el hoy, acaso no sepa ser optimista; mirando desde más alto, abarcando más horizonte, hay que serlo decididamente. Yo miro y veo días propicios, francamente propicios; por eso creo con toda firmeza en el porvenir y aliento esa esperanza.

LOS HOMBRES DE LA REPUBLICA

-¿Cree usted en los hombres de la República?...

-Creo en los hombres. En la magnífica hornada de hombres que ahora tiene España, con la que podrán formarse una docena de gobiernos. Estos hombres eran desconocidos para los políticos anteriores, no porque no existieran, sino porque no querían tomarse la molestia de conocerlos. Creían que España y su política y su gobernación empezaba y acababa con ellos y que ni antes ni detrás había otra cosa. Así vivieron de aislados siempre y se encontraron después tan sólos.

DE ACUERDO CON EL PROYECTO CONSTITUCIONAL

-¿Está usted acorde con el proyecto de futura Constitución?

-En el fondo, sí, con ligeras modificaciones, para las que tenemos presentadas varias enmiendas. Ortega y Gasset marcó la pauta en su discurso, que suscribo en absoluto.

LA VIDA DE ESTAS CORTES

-¿Cree usted que estas Cortes, una vez aprobada la constitución, deben convertirse en ordinarias?

-En teoría y ateniéndonos a su convocatoria, creo que no. Además, para mí este hecho sería grave caso de conciencia. Ya le he dicho antes que yo sólo soy diputado de las Constituyentes y que no lo seré de ningunas otras Cortes. Claro que en esto, como en tantas otras cosas, las circunstancias manda.

SU CANDIDATO PARA LA PRESIDENCIA

-¿Cuál es su candidato a la presidencia de la República?...

-Desde luego, Alcalá Zamora. Lo merece, aparte de todos su méritos intrínsecos, por su actuación admirable y por cuanto ha dado de amor y sacrificio por la república. Si, como dicen, se niega a ello, D. José Ortega y Gasset.

-Hay quien dice que sería una lástima encerrar en la jaula de oro de ese cargo a un cerebro tan privilegiado en plena razón, ya que su actividad e iniciativa quedarían entonces limitas.

-Yo no soy de esa opinión. Al contrario, creo que a hombres de su altura es a los que corresponde la jefatura del Estado; a hombres que saben mirar al porvenir y trazar rutas seguras y firmes para el avance.

EL TONO DE LA GOBERNACION

-¿Cuál debe ser el tono de gobernación y de la política en general?...

-De autoridad y visión clara y elevada del futuro, no viviendo para el día, sino para todos los días, y cuando sea posible con uniformidad en su composición, por lo que esto abrevia y facilita. No creo en la desarmonía que tantos señalan fundada en la inquietud de los días que vivimos. Sólo hace poco más de cuatro meses de la revolución. Esto no hay que olvidarlo ni pedir milagros.

ESTE GOBIERNO

-¿Y este Gobierno?

-Admirable y benemérito. Su labor ha sido algo formidable. El hizo la revolución, trajo la República con honestidad y pureza de origen, hizo unas elecciones, unas Cortes, y va ha hacer una Constitución. ¡Y todo esto en cuatro meses! Sólo con la labor hecha hasta hoy y lo ya logrado puede pasar a la historia gloriosamente, y en justicia, media docena de gobiernos. Todos y cada uno de sus ministros trabajan con un patriotismo y entusiasmo dignos del más alto agradecimiento.

POCAS COSAS ME SORPRENDEN EN LA VIDA

-Doctor, para final, algo inédito de su espíritu dentro de la novedad del momento español y de la novedad de su actuación política...

-Cuando se medita, y yo gusto de la meditación, pocas cosas pueden sorprendernos en la vida. Todo es, hasta ahora, tal como lo esperaba y lo veía; nada me ha sorprendido. Era optimista, y mi optimismo sigue volando.

QUIEN AÑADE CIENCIA NO AÑADE DOLOR

El "Eclesiastés" dice: "Quien añade ciencia añade dolor". El optimismo sano y alegre del doctor Marañón nos ha hecho intercalar el adverbio no en el tétrico texto sagrado. La ciencia aprendida y practicada en noble sentido y significación de humanidad debe ser optimista, porque sana el cerebro en vez de enfermarlo, porque hace cristal transparente el espíritu, porque añade ilusiones en el alma, porque no hace la vida más amada al robarle más secretos, porque nos sentimos un poco Dios al vernos más sobre ella, porque al creer que todo es mejor nos hacemos mejores: porque al ser mejores somos más alegres.

El doctor Marañón, realidad magnífica de España, sabe y merece aquello de los "Proverbios": "Bienaventurado el hombre que halla la inteligencia, porque su mercadería es mejor que la mercadería de la plata, y sus frutos más que el oro fino".

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