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Entrevista de J. M Simal a Unamuno

La Voz, 10 de agosto de 1931

Entrevista de J. M Simal a UnamunoEn Don Miguel de Unamuno todo termina o puja por terminar en punta. Como prueba de ello, hasta sus mejillas están ya consiguiendo esta terminación. Y como irrebatible argumento, resista el incrédulo los alfileres de la mirada de Don Miguel y los picotazos de su lengua, y pronto notarán todos los pinchazos convergentes en una sola punta que se adentra, reventando un delicioso dolor mental.

Es el picotazo uno de los talentos de don Miguel.

Sí. Don Miguel ve las cosas y las revienta de un pinchazo. Y en vez de explicárnoslas con el bandullo de las mismas en la mano, nos dice cuán relleno debían tener, en un greguero estallido de paradojas.

Este es otro de los talentos de Don Miguel.

Sí. Don Miguel, mientras las raja, nos dice cómo son las cosas; pero lo interesante es cómo las construye y las repuja luego. Por estas sus facultades de creador es conceptuoso. E iconoclasta. En una palabra... larga: ininterviuvable. Por ser ininterviuvable de don Miguel tiene un tercer talento. Y como en defensa mía ya he llegado a esta conclusión, no quiero adjudicarle más talentos al para mí cerebro más grande que hay en España, incluyendo la afirmación a los españoles que veranean en el Extranjero.

-¡Por vida de sus talentos, don Miguel! ¿Qué le parecen los actuales momentos políticos?

-Si ya no sé qué es República, ni federalismo, ni separatismo, ni comunismo, ni divorcio, ni socialismo, ni Cortes, ni Enseñazas... Por esto tardo tanto a escribir lo que escribo; por esto soy escritor.

Las demoliciones de Don Miguel me han convertido en otra cosa derruida. Me han reventado. Ya dije antes que Don Miguel reventaba a las cosas.

-¿Usted se figuraba igual a como ha sido el tiempo posterior al 14 de abril?

-¿Es verdad que va a implantarse el divorcio? ¿Es verdad? Pues por mí que lo implanten cuando quieran. Mire usted: una vez me preguntaban parecer sobre un autor renombrado. Contesté que no podía emitirlo. No podía emitirlo porque no me iban a creer el que diera: no había leído nada del autor tan renombrado. El mismo desconocimiento tengo del divorcio.

Una boina colgada en el perchero de la habitación se agita de gusto aclamando a Don Miguel.

-¿Qué le parece el comunismo español?


-No son momentos de bonanza estos posteriores al 14 de abril. Veo las cosas envahadas. A fuerza de sincero digo lo que siento. El Gobierno no debiera hacerse tantas ilusiones. Y más acelerado clarificar las voces que emergen de una situación caótica. No sé qué parirá la bola de nieve del invierno que avanza. Creen los actuales gobernantes que ha traído a la República, y es la República quién trajo a ellos. Una prueba pequeña referente al equívoco de quién es la orillada celebración del Pacto de San Sebastián. Me alegro mucho que no se haya festejado este pacto, hecho por los gobernante y no por nosotros.

-¿Y las causas de esta situación tan confusa?

-¡Qué majaderos son los separatistas! Cualquier aldehuela nos demandará el mejor día su Estatuto. Son los separatistas una cuadrilla de literatos fracasados compuesta de locos y de vanidosos. No saben lo que piden. La única petición clara es que quieren ser guapos. Y la majeza es una endemia muy española.

-Que ahora adviene en francamente antiespañola...

-Y el comunismo es la enfermedad de moda. Si a la majeza del separatismo le llamamos endemia, llamémosle epidemia a la de esos señoritos denominados comunistas españoles. Estos últimos aún son más locos, más vanidosos, más ignorantes y más literatos fracasados que los primeros. A unos y a otros se les puede aplicar exactamente la terminación de uno de los pensaminetos de Maquiavelo: «Doy la vida por la vanidad».

-¿Trabajan ustedes mucho en el Consejo de Instrucción Pública?

-El Parlamento todavía no ha dado el do de pecho, para el que parece que tiene pulmones. Temo que cuando lo dé, como algunos cantaores, se escuche el mismo demasiado. A veces vibra la Cámara bien; pero otras..., otras es el aullar de una jauría de perros lobos que en las tinieblas barrunta la presa.

-¿Y esto es hambre o falta de sentido político?

-En Instrucción Pública apenas podemos hacer nada. De ninguna manera una ley básica y organizadora. El problema de la enseñanza, uno de los más graves problemas nacionales, está supeditado a la Carta fundamental del Estado. ¿Cómo resolvemos la cuestión del profesorado sin saber si la Constitución va a conceder esta prerrogativa a las regiones? ¿Cómo solucionará la Constitución la enseñanza religiosa? Estas y otras muchas interrogaciones nos agarrotan. Oiga.

-Mándeme.

-Indican por ahí que se vayan los socialistas del Poder. ¿Por qué se van a ir los socialistas del Poder?

-Claro.

-No, no es tan claro.

Mientras me aguanto unos deseos de rascarme, doy la mano a Don Miguel. Tengo un escozor delicioso dentro de la cabeza. El sol llueve luz que me resbala en gotas gordas por la frente. El sol muestra, explica las cosas sin reventarlas ni corregirlas. El sol no consigue que nos escueza ni que nos sude el cerebro por dentro.

Es infinitamente más fácil, pero más tonto, interviuvar a cerebros como el del sol que al singular de Don Miguel de Unamuno.

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