Federico Jiménez Losantos

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CLARA CAMPOAMOR: Una mujer, un voto

El Mundo, 26 de abril de 1998

Muchos políticos no le perdonaron su exitosa lucha por el sufragio universal. Tras no ser incluida en las listas del Frente Popular, escribió «Mi pecado mortal. El voto femenino y yo». Murió en el exilio en 1972. Su ideal siempre fue la fusión de todos los republicanos en un partido con Azaña y Lerroux.

A ningún político de ninguna época, a ningún diputado o representante del pueblo debe tanto la democracia en España como a Clara Campoamor. Le debemos nada menos que el sufragio universal, idea aparentemente muy admitida pero que para hacerse realidad precisa que las mujeres tengan los mismos derechos electorales que los hombres, durísima tarea que ha consumido en casi todos los países las energías de varias generaciones de mujeres y de hombres amigos de la igualdad. En el nuestro, se consiguió de golpe, sin aparente esfuerzo, porque el esfuerzo lo hizo una persona sola.

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ANTONIO MACHADO: El poeta bueno

El Mundo, 19 de abril de 1998

Fue un pésimo estudiante al que le costó terminar el bachillerato. Con 35 años se casó con Leonor, que tenía 15. Juan Ramón le reprochó su oportunismo político y literario. Formó parte del séquito intelectual de Ortega, que le ayudó a ingresar en la Academia de la Lengua. Murió exiliado en Francia.

Ningún poeta del siglo XX nos llega tan a lo hondo como Antonio Machado. Nadie como él ha conseguido con unos pocos poemas en verso pobre, aconsonantado, ripioso a veces, una emoción lírica, una densidad tal de sentimiento que lo colocan entre los mayores de la historia de nuestra lengua. En un siglo de grandes poetas, como no los había desde el XVII, su libro Campos de Castilla, que nunca fue un libro del todo, tiene los versos más enteros de su generación, la famosa del 98, e incluso de la siguiente, la célebre del 27.

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ISABEL DE BORBON: La Chata

El Mundo, 12 de abril de 1998

Fue princesa de Asturias en dos ocasiones, aunque nunca llegó al trono. A los tres años de su boda, su marido se suicidó. Aficionada a los toros y a las verbenas, se ganó la simpatía del pueblo. Era una excelente pianista. Tras la muerte de Alfonso XII, Cánovas la obligó a renunciar a la corona.

Una de las actividades más pertinaces de los españoles durante los siglos XIX y XX ha sido la de expulsar del trono y del país a la familila Borbón para luego volver a instalarla y continuar la dinastía. Sin duda se trata de una relación pasional, en la que el amor y el odio se alternan desordenadamente, pero hay en ella oasis de tranquilo afecto que prueban la nostalgia de una relación menos conflictiva. Uno de esos episodios amables es el de la vida de quien fue dos veces heredera del trono, doña Isabel de Borbón, popularmente conocida como La Chata.

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TODA AZNAR: La reina Toda

El Mundo, 5 de abril de 1998

Fue esposa de Sancho Garcés I, que destronó al «Tuerto» y la hizo reina de Navarra. Se daba tanta prisa en someterse a Abderramán III como en traicionarlo. Su política de matrimonios logró la paz entre Iñigos y Jimenos. Murió descalabrada al caer por la torre del homenaje de su castillo pamplonés.

Toda Aznar, bisnieta del rey García Iñiguez de Pamplona; nieta por parte de madre del rey Fortuño Iñiguez, llamado el Tuerto; esposa de Sancho Garcés I, que destronó al Tuerto y la hizo reina; madre del rey García II; tía del califa Abderramán III; abuela de dos reyes de León y de Sancho de Navarra; suegra de Fernán González; tía de casi todos los nobles importantes de la Península y la mayor casamentera conocida a este lado de los Pirineos, tanto entre cristianos como entre musulmanes, fue con bastante probabilidad la mujer más importante de la Alta Edad Media española, aunque, sin duda, no la mejor.

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EMILIA PARDO BAZAN: La genio

El Mundo, 29 de marzo de 1998

Entre los novelistas del XIX, sólo la superan Galdós y Clarín. Fue la primera corresponsal en el extranjero. Fundó el «Nuevo teatro crítico». Abandonó pronto el verso por la prosa. Se casó a los 17 años pero le duró poco. Con 25 años, derrotó en un certamen de ensayo a Concepción Arenal.

No hay en la cultura española moderna fenómeno de personalidad, creatividad, gracia, hondura y libertad, de genio en suma, como Doña Emilia Pardo Bazón. Entre los novelistas del XIX, sólo la superan Galdós y Clarín. Entre los intelectuales de signo liberal no hay media docena comparable.

Es también la primera gran periodista española, escribiendo sin cesar desde 1876 hasta su muerte; fue la primera corresponsal en el extranjero -Roma y París-; fundó y dirigió el «Nuevo Teatro Crítico»; recogió en La cuestión palpitante su textos sobre estética naturalista en La Epoca; y reunió sus grandes artículos feministas de La España Moderna en La Mujer Española, acaso el libro más imporante y menos conocido del feminismo español. Conquistó, en fin, un lugar de honor en nuestras letras -cuando reverdecían-, y suspuso en la sociead de la Restauración un terremoto permanente, una perpetua novedad.

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DON PELAYO: El rey de la España perdida

El Mundo, 22 de marzo de 1998

Fue guardia real en la corte de Don Rodrigo. Que su hermana entrara a formar parte del harén de Munuza fue determinante en su rebelión. Lllevó sus tropas y su pequeña corte ambulante a las montañas cántabras. Tras 18 años de guerra logró consolidar un pequeño reino cristiano español.

Aunque algunos mizifuces y ciertas zapaquildas le nieguen hasta la existencia, lo cierto es que Don Pelayo vivió y fue rey y luchó en Covadonga y venció a los moros. Pero tampoco son ciertas las grandes batallas, la voluntad de lucha desde el principio, el poder de su ejército ni la extensión de su reino. Pelayo fue cristiano, godo, o hispanogodo, nació a finales del siglo VII, en fecha y lugar que desconocemos y murió en el año 737, tras comenzar la Reconquista de España a los invasores musulmanes.

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LUIS CANDELAS: El delincuente romántico

El Mundo, 15 de marzo de 1998

Era el Don Juan de los arrabales: bien parecido, nariz poderosa y dientes blancos. Compartió amante con Fernando VII. Sus contactos con la Corte le permitían salir de la cárcel. Tenía doble personalidad: indiano adinerado de día, truhán de noche. Fue condenado a muerte, acusado de más de 40 robos.

Aunque la imaginería afrancesada presente a Luis Candelas con los avíos propios del bandolero de Sierra Morena, pertenece por completo al ámbito de la delincuencia urbana, área de Madrid. Su popularidad y su majeza han llevado a muchos a imaginarlo al frente de una partida de bandoleros, todos con catite, trabuco y punta de veguero en la zona siniestra del belfo, avizorando en la lejanía a una diligencia que se interna desprevenida en Despeñapperros.

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DOLORES IBARRURI, «PASIONARIA»: La «Carmen» de Stalin

El Mundo, 8 de marzo de 1998

Su singularidad iconográfica oculta una nulidad intelectual casi absoluta. Fue la adaptación celtibérica del estalinismo. Estuvo a punto de meterse a monja. En el 68 suscribió una tibia crítica a la invasión de Checoslovaquia. Apoyó con entusiasmo las masacres de los demócratas alemanes, húngaros o checos.

Dolores Ibárruri es la española más fotografiada de nuestra Historia, su nombre es más conocido que el de cualquier mujer realmente importante en la cultura o la política del siglo XX, ha tenido la veneración de una parte de nuestro pueblo y concitado el odio de otra parte mucho mayor. Pero casi nada de lo que se le atribuye, bueno o malo, es propiamente suyo. Su singularidad iconográfica oculta una nulidad intelectual casi absoluta: no hay un libro, un artículo, una sola frase que, de ser buenos, sean suyos, y que, de ser suyos, sean buenos.

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CRISTOBAL COLON: América a la vista

El Mundo, 22 de febrero de 1998

Navegaba desde los 18 años y conocía el Atlántico de Islandia a Guinea. Para su primer viaje, los Reyes aportaron 1.140.000 maravedíes. La expedición llevaba un intérprete para traducir al chino y un sastre. En su tercer viaje acabó encadenado y en el cuarto se dedicó al tráfico de oro y esclavos.

Cristóbal Colón nació quizá Cristóforo Colombo en algún lugar cercano a Génova el año 1451, aunque también dicen que fue judío aragonés, o gallego, o mallorquín, o manchego de papel, como Don Quijote. En las últimas décadas se han publicado libros que lo hacen mujer y hasta extraterrestre, pero Colón no era un apuesto marciano ni un joven aerolito cuando conoció a Isabel y Fernando en 1486. Navegaba desde los 18 años. Conocía el Atlántico de Islandia a Guinea y en 1476 había naufragado en Portugal, donde se casó por lo menos una vez y tuvo una imprecisa descendencia.

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GALDOS: La novela de España

El Mundo, 15 de febrero de 1998

Galdós hizo sobrevivir la realidad del siglo XIX convertida en ficción. Como Cervantes, lo leía todo y recordaba cualquier coas que oía. Albareda, su director en «El Debate», le dio el título para sus «Episodios Nacionales». El clericalismo impidió que fuera propuesto para el Nobel. Murió pobre y ciego.

Una de las mejores razones para consolarse de ser español es Galdós. En el amargo exilio republicano, Luis Cernuda escribió un poema, Bien está que afuera tu tierra, que es quizás el mejor elogio del escritor canario: «Los bien amados libros (...) / En tu tierra y fuera de tu tierra / Siempre traían fielmente/ El encanto de España, en ellos no perdido, / (...) El nombre allí leído de un lugar, de una calle / (Portillo de Gilimón o Sal si Puedes), / provocaba en ti la nostalgia / De la patria imposible que no es de este mundo».

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