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Conferencia en la sociedad «El Sitio», de Bilbao

Indalecio Prieto - 3 de mayo de 1930

Palabras del señor Fatrás

Señoras y señores:

La conferencia de esta noche, a cargo de D. Indalecio Prieto, versará sobre el tema: «Deberes de la democracia vascongada en el presente momento histórico». Creo que ninguna vez como esta puede decirse que nuestro conferenciante no necesita de presentación. Le conocéis todos de sobra y, por consiguiente, se puede uno excusar de hacer su presentación. Porque si yo os dijera que todo lo que es se lo debe a su propio esfuerzo, sin ningún apoyo; que fué concejal del Ayuntamiento de Bilbao; que fué diputado provincial de Vizcaya, y en ambas Corporaciones desarrolló una campaña honrada y laboriosa, dejando sembrados una porción de proyectos, entre ellos ese tan interesante y humanitario como la institución de los Talleres para Lisiados y Tullidos; que por esa labor tan honrada y eficaz en esas Corporaciones fué elegido diputado a Cortes cuatro veces por Bilbao, y en el Parlamento hizo las campañas que todos conocéis, vibrantes y austeras, atendiendo a sus electores en todo aquello que se le pidió y era de justicia; que fué el mejor diputado de Bilbao y que todo se lo debe a sí mismo, eso ya lo sabéis vosotros.

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Discurso pronunciado en las Cortes

Indalecio Prieto - 18 de mayo de 1934

¿Qué se hubiera dicho de la insensatez, de la locura, de la decencia de un Ministro socialista que en aquellas circunstancias, al hacerse cargo de la Cartera de Hacienda, destruyese toda la obra que en siete años había realizado la Dictadura? Eso era una insensatez, que no suscribí: ésa era una locura, en la cual no quise incurrir.

Y digo ahora a su señoría que, a poco de llegar al Ministerio de Hacienda, llovieron sobre mí las sugestiones, algunas verdaderamente tentadoras, para resolver el problema angustioso creado por la deuda de la Nación en el extranjero, a base de deshacer el Monopolio de Petróleos: y no deshice el Monopolio de Petróleos. Diré a su señoría íntegramente mi pensamiento sobre el Monopolio de Petróleos. Si nosotros, desde un punto de vista socialista, alimentados por la esperanza, más o menos vana, de ocupar el poder en fecha próxima, encontramos como antecedentes en nuestro camino una serie de Gobiernos burgueses que monopolicen ramos de la industria y ramos del comercio, nosotros no los destruiremos. ¿No comprendéis que para nuestra organización social habréis forjado vosotros en ese caso instrumentos insuperables de socialización? El Monopolio de Petróleos es uno.

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Quema de conventos

Josep Pla - Mayo de 1931

La inauguración, en la calle de Alcalá, de un Círculo Monárquico el 10 de mayo de 1931 fue considerada por algunos republicanos como una provocación, su respuesta fue el intento de incendiar los locales del diario monárquico ABC de Madrid. Al día siguiente, grupos incontrolados quemarán 11 edificios. Entre ellos, la iglesia y residencia de los jesuitas de la calle Flor, el convento de monjas bernardas contiguo y la iglesia y convento de las Carmelitas de la Plaza de España.

El escritor Josep Pla relata cómo se produjeron los incendios:

Domingo 10 de mayo. Apertura de la válvula (...). De madrugada ya clareaba y la gente tiene una blancura fosfórica en la cara, sin saber muy bien de dónde viene, surge una palabra que cubre rapidísimamente la Puerta del Sol.

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Fragmentos de la Encíclica Dilectissima Nobis

Pío XI - Cruz y Raya nº 3, de 15 de junio de 1933

Precisamente porque la gloria de España está tan íntimamente unida con la religión católica, Nos sentimos doblemente apenados al presenciar las deplorables tentativas que, de un tiempo a esta parte, se están reiterando para arrancar a esta nación a Nos tan querida, con la fe tradicional, los más bellos títulos de nacional grandeza. No hemos dejado de hacer presente con frecuencia a los actuales gobernantes de España -según nos dictaba Nuestro paternal corazón- cuán falso era el camino que seguían, y de recordarles que no es hiriendo el alma del pueblo en sus más profundos y caros sentimientos como se consigue aquella concordia de los espíritus que es indispensable para la prosperidad de una nación.

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El Estatuto de Cataluña

José Ortega y Gasset - Discursos en las Cortes Constituyentes, 1932

Señores diputados: siento mucho no tener más remedio que hacer un discurso doctrinal, de aquellos precisamente que el señor Companys, en las primeras palabras que pronunció el otro día, se apresuraba a querer extirpar de esta discusión. Según el señor Companys, a la hora del debate constitucional se hicieron cuantos discursos doctrinales eran menester sobre el problema catalán y sobre su Estatuto, y se hicieron –añadía- porque los parlamentarios catalanes habían tenido buen cuidado de dibujar, de prefijar en el texto constitucional cuantos temas afectan al presente Estatuto.

Es preciso rectificar el perfil de la República

José Ortega y Gasset - El Sol, 8 de noviembre de 1931

Señoras, señores: En estos días, con la aprobación del texto constitucional y la elección de Presidente, queda establecida jurídicamente la República española. Tenemos ya un cauce legal por donde pueda fluir fecundamente nuestra vida colectiva; tenemos ya bajo nuestras planteas un suelo de Derecho donde hincar los talones e iniciar la marcha histórica. Termina, pues, en estos días el primer acto de la implantación de la forma republicana en nuestra vieja, en nuestra viejísima España.

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Un aldabonazo

José Ortega y Gasset - Crisol, 9 de septiembre de 1931

Desde que sobrevino el nuevo régimen no he escrito una sola palabra que no fuese para decir directa o indirectamente esto: ¡No falsifiquéis la República! ¡guardad su originalidad! ¡No olvidéis ni un instante cómo y por qué advino! En suma: autenticidad, autenticidad...

Con esta predicación no proponía yo a los republicanos ninguna virtud superflua y de ornamento. Es decir, que no se trata de dos Repúblicas igualmente posibles -una, la auténtica española, otra, imaginaria y falsificada- entre las cuales cupiese elegir. No: la República en España, o es la que triunfó, la auténtica, o no será. Así, sin duda ni remisión.

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La Agrupación al Servicio de la República condena la quema de conventos

Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, R. Pérez de Ayala - El Sol, 11 de mayo de 1931

La multitud esótica e informe no es democracia, sino carne consignada a tiranías.- Unas cuantas ciudades de la República han sido vandalizadas por pequeñas turbas de incendiarios. En Madrid, Málaga, Alicante y Granada humean los edificios donde vivían gentes que, es cierto, han causado durante centurias daños enormes a la nación española, pero que hoy, precisamente hoy, cuando ya no tienen el Poder público en la mano, son por completo innocuas. Porque eso, la detentación y manejo del Poder público, eran la única fuerza nociva de que gozaban. Extirpados sus privilegios y mano a mano con los otros grupos sociales, las Ordenes religiosas significan en España poco más que nada. Su influencia era grande, pero prestada: procedía del Estado. Creer otra cosa es ignorar por completo la verdadera realidad de nuestra vida colectiva.

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Un manifiesto dirigido a intelectuales

Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, R. Pérez de Ayala - El Sol, 10 de febrero de 1931

«Cuando la historia de un pueblo fluye dentro de su normalidad cotidiana, parece lícito que cada cual viva atento sólo a su oficio y entregado a su vocación. Pero cuando llegan tiempos de crisis profunda, en que, rota o caduca toda normalidad, van a decidirse los nuevos destinos nacionales, es obligatorio para todos salir de su profesión y ponerse sin reservas al servicio de la necesidad pública. Es tan notorio, tan evidente, hallarse hoy España en una situación extrema de esta índole, que estorbaría encarecerlo con procedimientos de inoportuna grandilocuencia.

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El error Berenguer

José Ortega y Gasset - El Sol, 15 de noviembre de 1930

No, no es una errata. Es probable que en los libros futuros de historia de España se encuentre un capítulo con el mismo título que este artículo. El buen lector, que es el cauteloso y alerta, habrá advertido que en esa expresión el señor Berenguer no es el sujeto del error, sino el objeto. No se dice que el error sea de Berenguer, sino más bien lo contrario -que Berenguer es del error, que Berenguer es un error-. Son otros, pues, quienes lo han cometido y cometen; otros toda una porción de España, aunque, a mi juicio, no muy grande. Por ello trasciende ese error los límites de la equivocación individual y quedará inscrito en la historia de nuestro país.

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