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Discurso sobre el Estatuto de Cataluña

Alejandro Lerroux - 19 de mayo de 1932

El día 19 de mayo era el día indicado para que D. Alejandro Lerroux, jefe del partido radical, interviniera por primera vez en las Cortes Constituyentes. El momento era imponente. Las tribunas estaban completas. El público y los diputados contenían la respiración. Y el Sr. Lerroux revestido, como siempre, de su alto prestigio histórico, comenzó uno de los discursos más políticos que podían haber pronunciado sobre el Estatuto. Antes. D. Amadeo Hurtado, de la minoría catalana, dijo su opinión en un tono muy levantado. Magnífica sesión la del día 19 de mayo.

Fragmentos de la Encíclica Inter gravissimas

León XIII - Cruz y Raya, nº 3, 15 de junio de 1933

Cuando se constituyen gobiernos nuevos que representan este poder inmutable, aceptarlos, no solamente es lícito, sino que lo exige y hasta lo impone la necesidad del bien social que les da vida y les mantiene; tanto más, cuanto mayor es el incremento que la insurrección comunica al odio entre los ciudadanos, odio que provoca la guerra civil y puede sumir a la nación en el caos y la anarquía. Y esta estrecha obligación de respeto durará cuanto lo requieran las exigencias del bien común, puesto que después de Dios, el bien común es la primera y última ley de la sociedad.

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Vamos a la conquista del poder

Francisco Largo Caballero - El Socialista, 25 de julio de 1933

«Compañeras y compañeros: Había hecho el propósito de no tomar parte en ningún acto semejante al que estamos celebrando durante el tiempo que estuviese desempeñando un cargo en el Gobierno de la República. Quería yo, después de salir del Gobierno, ponerme en contacto con la clase trabajadora española para darle a conocer mi experiencia dentro del Gobierno de la República y, además, para explicarle la legislación social de aquélla. Pero las circunstancias me han obligado a desistir de ese propósito, y, a requerimientos insistentes de la Juventud Socialista Madrileña, vengo hoy aquí; mas debo advertiros que lo que yo voy a decir hoy aquí no deshace, no prejuzga, no tiene casi nada que ver con lo que yo tenga que decir después de salir del Gobierno republicano.

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«LA SEMANA COMUNISTA»

Ramiro Ledesma Ramos - «La Conquista del Estado», 13 de junio de 1931

El feudo de Bullejos

En España hay una media docena de grupos comunistas. La meta actual de todos es controlar el posible movimiento comunista de nuestro país, apoderándose de su dirección. Batallan, pues, entre sí, como podrían hacerlo los caciques de un villorrio. Eso les condena a infecundidad absoluta, y les despoja de influencia en el proletariado, que es la base de toda organización de tipo comunista.

El domingo último se celebró en Madrid la consolidación de uno de esos grupos, el ortodoxo de la Internacional Comunista, que acaudilla José Bullejos. Le distingue de otros grupos el que se le premia su fidelidad a esa Internacional con unos billetes mensuales. Representa la ciega dependencia de Moscú, la enajenación de la peculiaridad nacional, sometiendo la ruta revolucionaria a fórmulas bolchevistas.

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Primacía del trabajo. El sentido social del fascismo

Ernesto Giménez Caballero - El Fascio, 16 de marzo de 1933

Hasta ahora que ha llegado la República a España, para seguir despertando a España -tras el clarinazo de la Dictadura- de una modorra casi secular, ha sido difícil y peligroso hablar en serio del Fascismo entre nosotros.

Los interesados en mantener el equívoco -y son muchos en España- habían hecho creer a las buenas gentes que el Fascismo significaba algo negativo, reaccionario, capitalista, monárquico, clerical y tiránico del pueblo. Habían hecho creer a nuestras buenas gentes -y son muchas en España- que el Fascismo era algo así como un pronunciamiento a lo siglo XIX.

Pero las cosas se han precipitado de tal modo que en el ambiente español -y en el ambiente europeo- que la palabra «Fascismo» va teniendo un nuevo sentido, un nuevo sentido salvador, positivo, social y universal.

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Gil Robles explica su apoyo al Gobierno de Lerroux

José María Gil Robles - Diario de Sesiones, 19 de diciembre de 1933

El Sr. Presidente: El Sr. Gil Robles tiene la palabra.

El Sr. Gil Robles: Señores Diputados, aunque quizá en una marcha normal de la discusión parlamentaria correspondiera a otros grupos iniciar el debate político, el hecho de levantarme a hablar en nombre de la fracción numéricamente más importante de la Cámara me da cierto derecho de prioridad, que, de todas suertes, yo puse desde el primer momento a disposición de la Cámara.

Quizá con ratificar en el momento presente la nota que en nombre de esta minoría dicté a la Prensa al salir de evacuar la consulta con el jefe del Estado, diera por definida plenamente nuestra posición. No estará de más, sin embargo, algún mayor esclarecimiento, que, por mi parte, procuraré sea todo lo breve posible.

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La Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas

José María de Semprún Gurrea - Cruz y Raya nº 3 , 10 de junio de 1933

Quienes lograron imponer sus voluntades (otra cosa es decir: la voluntad de la República de España), formando escuálida mayoría parlamentaria, heterogénea y de ocasión, han dado en justificar la ley denominada de Confesiones y Congregaciones Religiosas, por la necesidad de cumplir el artículo 26 y el 28 correspondientes a la primera redacción del texto constitucional que rige provisionalmente en este país: es decir, hasta que la soberanía del mismo se encargue de redactar por sus vías legítimas otro definitivo.

Discurso de propaganda antimarxista

Fernando de los Ríos - El Socialista, 24 de octubre de 1933

...¡Ah! Pobre catolicismo español, que no ha llegado nunca a ser cristiano (aplausos); no ha llegado nunca a ser cristiano, porque en la pugna del catolicismo y del cristiano entra una explosión belicosa, que es toda la distancia que existe entre el fanatismo, el catolicismo y el cristianismo español que ha marcado la ruta guerrera, y en esa ruta guerrera por él emprendida dejó secos los corazones de la mayor parte de sus militantes de la maravillosa emoción nazarena.

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El momento actual

Francesc Cambó - «La Veu de Catalunya», 15 de febrero de 1931

España, no desde ayer, sino desde hace algunos meses, da a los ciudadanos -y aún más a los extranjeros- la sensación de encontrarse en una situación prerrevolucionaria.

Todos los elementos de disolución política y social actúan con desenfrenada actividad. Y muchos de ellos, porque no viven otro mundo ni respiran otro ambiente que el que ellos mismos conforman, creen de buena fe que su hora ha llegado.

El Gobierno del general Berenguer, integrado por hombres buenos y, aún más, algunos dotados de excelsa inteligencia, hace mucho tiempo que viene dando, con creciente acentuación, la sensación de que no eran ellos quienes preveían y dirigían los acontecimientos, sino que constituían un sencillo juguete... de los hombres que los provocaban. Al faltarle al Gobierno una orientación, no se dotaba al país de lo que la inmensa mayoría deseaba: sentirse orientados y dirigidos.

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Haciendo de República

Julio Camba - Editorial Plus Ultra, S.A.

Releer estas páginas inolvidables del que fue mi gran amigo, Julio Camba, es revivir nuestra alegre convivencia en el Madrid de los años veintes (Ateneo y Círculo de Bellas Artes) y en el Londres siempre jovial y tamizado en buenas formas y viejas lecturas, de los años de la II República española. Fue allí, en Londres, comiendo en los restaurantes con blasones de la City, a los que era, como buen gastrónomo, aficionado, o paseando por el barrio juvenil de Chelsea, que era nuestra morada, o haciendo estación en los viejos pubs de King’s Road, en rolde de bohemios y artistas, muchos famosos, como Augustus John y Priestley, que muy bien podían llevar de divisa el horaciano non omnis moriar; fue allí, en Londres, donde maduró Camba este libro, cuya gestación empezó en el Madrid acalorado de los primeros meses republicanos, primavera y verano de 1931.

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