Federico Jiménez Losantos

Intelectuales Segunda República

Víctor LLano

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Discusión sobre el uso del catalán y del castellano en la educación de Cataluña. Hablan Sánchez Albornoz, Unamuno, Maura, Azaña

Diario de Sesiones, 22 de octubre de 1931

El Sr. Presidente: El Sr. Sánchez Albornoz tiene la palabra.

El Sr. Sánchez Albornoz: Quiero comenzar, Sres. Diputados, por declarar que esta enmienda no responde exactamente al pensamiento de ninguno de los firmantes, ni siquiera al mío (Rumores y risas.) Sin embargo, todos hemos aceptado el texto de la misma, con la mira puesta en el porvenir de la República y de España; hemos cedido cada uno una parte de nuestras opiniones; hemos descendido de nuestras posiciones ideales, porque, Sres. Diputados, se trata de algo trascendental para la vida de España.

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Ley de Defensa de la República

El Sol, de 21 de octubre de 1931

La ley que ayer aprobó la Cámara para reforzar la de Orden público es la siguiente:

«Artículo 1.: Son acto de agresión a la República y quedan sometidos a la presente ley:

1.: La incitación a resistir o a desobedecer las leyes o las disposiciones legítimas de la autoridad.

2.: La incitación a la indisciplina o al antagonismo entre Institutos armados o entre éstos y los organismos civiles.

3.: Difundir noticias que puedan quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público.

4.: La comisión de actos de violencia contra personas, cosas o propiedades por motivos religiosos, políticos o sociales o la incitación a cometerlos.

5.: Toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las instituciones u organismos del Estado.

6.: La apología del régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación y el uso de emblemas, insignias o distintivos alusivos a uno u otras.

7.: La tenencia ilícita de armas de fuego o sustancias explosivas prohibidas.

8.: La suspensión o cesación de industrias o labores de cualquier clase sin justificación bastante.

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El Ministro de la Guerra, Azaña, afirma en la Cámara: «España ha dejado de ser católica. El problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica del pueblo español»

El Sol, 14 de octubre de 1931

El Sr. Ministro de la Guerra (Azaña): Pido la palabra.

El Sr. Presidente: La tiene S.S.

El Sr. Ministro de la Guerra: Señores, Diputados: Se me permitirá que diga unas cuantas palabras acerca de esta cuestión que hoy nos apasiona, con el propósito, dentro de la brevedad de que o sea capaz, de buscar para las conclusiones del debate lo más eficaz y lo más útil. De todas maneras, creo que yo no habría podido excusarme de tomar parte en esta discusión, aunque no hubiese sido más que para desvanecer un equívoco lamentable que se desenvuelve en torno de la enmienda formulada por el Sr. Ramos, y que algunos grupos políticos de las Cortes acogieran.

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La enseñanza, ¿puede ser católica? A favor hablan Gil Robles, Ossorio y Alcalá Zamora. En contra, Galarza

Diario de Sesiones, de 13 de octubre de 1931

El Sr. Domínguez Arévalo: Pido la palabra.

El Sr. Presidente: La tiene S.S.

El Sr. Domínguez Arévalo: En asunto que como éste afecta a cosa de tanta trascendencia y que roza a la conciencia, a los sentimientos más íntimos, no será extraño que este modesto Diputado navarro quiera salvaguardar su conciencia dejando consignada en el Diario de Sesiones la expresión de un sentimiento íntimo. La manifestación que quiero hacer es la siguiente: que cuando aquí se vote la iniquidad que se va a votar por el sectarismo anticatólico de algunos miembros del Gobierno y de la Cámara y -lo que es más triste- por la pasividad claudicante de los que llamándose católicos permanecen ahí (señalando al banco azul) callados, se habrá abierto un abismo entre el sentimiento católico y la República española.

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Discurso de Unamuno en el Congreso sobre las lenguas hispánicas y a propósito de la oficialidad del castellano

Diario de Sesiones, 18 de septiembre de 1931

El Sr. Unamuno: Señores diputados, el texto del proyecto de Constitución hecho por la Comisión dice: «El castellano es el idioma oficial de la República, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconocen a las diferentes provincias o regiones.»

Yo debo confesar que no me di cuenta de qué perjuicio podía haber en que fuera el castellano el idioma oficial de la República (acaso esto es traducción del alemán), e hice una primitiva enmienda, que no era exactamente la que después, al acomodarme al juicio de otros, he firmado. En mi primitiva enmienda decía: «El castellano es el idioma oficial de la República. Todo ciudadano español tendrá el derecho y el deber de conocerlo, sin que se le pueda imponer ni prohibir el uso de ningún otro.» Pero por una porción de razones vinimos a convenir en la redacción que últimamente se dió a la enmienda, y que es ésta: «El español es el idioma oficial de la República. Todo ciudadano español tiene el deber de saberlo y el derecho de hablarlo. En cada región se podrá declarar cooficial la Lengua de la mayoría de sus habitantes. A nadie se podrá imponer, sin embargo, el uso de ninguna Lengua regional.»

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El escritor español Sender toma la defensa de los anarquitas: «A la labor de Largo Caballero está contestando todos los días de tal manera el proletariado español que la República tendrá que poner detrás de cada decreto de Trabajo... toda la Guardia Civil

Ramón J. Sender. El Sol, 5 de agosto de 1931

En el artículo que días pasados publicaba El Sol sobre el momento social y político de Cataluña se rozaban cuestiones fundamentales de la vida orgánica de la C.N.T. dejando en el aire afirmaciones ligeras. Es conveniente dar a esas afirmaciones su gravidez específica y dejarlas sentadas no en el aire ni en los escaños del Congreso -donde a la ligera se le ha querido dar últimamente una consagración nacional-, sino en la tierra firme de los hechos.

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El gobernador civil de Sevilla cita los sucesos de su provincia para afirmar el peligro anarquista para la República

El Sol, 19 de agosto de 1931

Comienzo por manifestar que redacto el presente informe en plena paz de mi espíritu, asistido de la calma y serenidad necesarias que creo no haber perdido un solo momento, con el reposo moral y material que supone el no pesar sobre mí, desde hace más de tres días, la responsabilidad de los acontecimientos, y madurados, por último, mis pensamientos y mis juicios en muchas horas de constante meditación.

Estoy, además, rodeado de un ambiente de tranquilidad pública, ininterrumpido durante las cuarenta y ocho horas últimas, bajo la confortante sensación de creer que la lucha actual toca a su término; recibiendo continuamente telegramas que me dan cuenta de irse reanudando el trabajo y la paz en los pueblos de la provincia; percibiendo la normalidad que poco a poco va recobrando Sevilla, mientras llegan a mi despacho obreros de todas las profesiones en súplica de apoyo para excitar la clemencia en favor de los vencidos. Es más: creo que de ahora en adelante transcurrirán días, quizá semanas, con el orden y el trabajo asegurados en medio de una superficial tranquilidad.

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Araquistain se sorprende del «complejo sindicalista» y afirma que «ningún pueblo es racialmente tan socialista como España». Unamuno le contradice

Luis Araquistain y Miguel de Unamuno. El Sol, 21 de julio de 1931

El complejo Sindicalista. ¿Por qué hay tantas huelgas?

¿Qué motivos hay en el fondo de esta erupción de huelgas que le ha brotado a la República española, o, si quiere Unamuno, a la España republicana? Este exantema huelguístico es lo que no acaba de explicarse el observador extranjero, pues si los sindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo abominan, como dicen, tanto de la Monarquía como del comunismo, ¿qué se proponen perturbando directamente la sociedad e indirectamente el Estado republicano? Contestemos a la pregunta inicial, y con ello quedarán contestadas todas las que se relacionen con el sindicalismo español. Los motivos son muchos. Mencionaremos algunos.

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Se suprime la Academia General de Zaragoza. Su director, el general Franco, pronuncia el discurso de despedida

ARRARAS, J.:Historia de la Cruzada. Madrid, 1940. Tomo 3.: pág. 376

«Caballeros cadetes: Quisiera celebrar este acto de despedida con la solemnidad de años anteriores, en que, a los acordes del himno nacional, sacásemos por última vez nuestra bandera y, como ayer, besaseis sus ricos tafetanes, recorriendo vuestros cuerpos el escalofrío de la emoción y nublándose vuestros ojos al conjuro de las glorias por ella encarnadas; pero la falta de bandera oficial limita nuestra fiesta a estos sentidos momentos en que, al haceros objeto de nuestra despedida, recibáis en lección de moral militar mis últimos consejos.

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Elecciones para las Cortes Constituyentes. «El Sol» resume así el resultado: «Madrid votó serenamente porque la República se consolide sin peligrosos funambulismos»

El Sol, 30 de junio de 1931

Pórtico electoral de la República

El hecho diferencial de las elecciones de anteayer fue su pulso tranquilo. Amaneció en la calle de Alcalá, bajo las frescas guirnaldas de las mangas de riego, un día caliente y mecido en aires tempestuosos. Los unos y los otros la dejaron desde media noche sucia, con un carnaval de papeles. A las seis inicióse el combate. Por el Prado surgieron dos camionetas de comunistas. Cantaban torpemente; pero cantaban «Los sirgadores del Volga». Don Marcelino Domingo les agradecerá sin duda su hermosa diana. Ellos, sin demasiada vehemencia, distribuían sobre las soledades de asfalto paquetes y paquetes de literatura electoral. Y fue ésta, a lo largo de la jornada, la única vibración «de otros tiempos» que puso en las calles un poquito de espectáculo.

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