Federico Jiménez Losantos

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Del momento político. La libertad ante todo

Eloy Bullón - La Epoca y El Adelanto, 5 de mayo de 1931

Mi ilustre amigo el doctor Marañón, que con tanta exquisitez y con tan alto civismo sabe juntar la acción política a la propaganda científica, escribió hace tiempo, con gran acierto, que decir República, solamente República, era o decir nada o casi nada. No recuerdo exactamente la frase; pero ésta era la idea.

Y, en efecto, La República por sí sola no es más que una forma de Gobierno, una forma que hay que llenar luego con una realidad. Lo que sea esta realidad será la República.

Y he aquí por qué ahora, con la implantación de la República, no se ha pasado todavía del comienzo del principio.

¿Qué vendrá detrás? ¿Cómo se llenará esa forma vacía? Este es el problema. Y de esto depende todo el porvenir.

En la Rusia soviética hay República, pero ninguna persona amante del progreso puede ser partidaria de aquella República. En Portugal hay República, pero ¿qué hombre amante de la libertad simpatizará con la fase actual de la República portuguesa?

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El Estado fantasma y ¿en qué país vivimos?

José Bergamín - Cruz y Raya, 20 de noviembre de 1934

¿Se ha precipitado, en España, según se dice, a partir de octubre, el ritmo revolucionario?

Para Carlyle una revolución no es más que eso: una precipitación del ritmo vivo de la Historia, un aumento de velocidad. Paradójicamente leemos en Marx que las características de la revolución española son, por oposición al concepto clásico de la rapidez de la revolución francesa, las de la lentitud. Según Marx, el siglo XIX entero es en España, históricamente, un proceso revolucionario, ¿al que habría que añadir estos treinta y cuatro años transcurridos del XX?

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Llamémosle hache

José Bergamín - Cruz y Raya, 15 de noviembre de 1933

La revolución en entredicho y la contrarrevolución en entreacto

Suele achacarse a los abogados el que en el ejercicio profesional de sus demandas y cuando informan de ellas ante el tribunal juzgador, alteran, voluntaria o involuntariamente, la verdad de los hechos. De aquí, el que esto que llaman la verdad de los hechos, suela aducirse en trance de defensa o acusación y aun fuera de trámite cerrado del régimen jurídico, siempre que se interpretan hechos -los que sean- por decidores o dicharacheros más o menos abogadescos.

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Por ejemplo

José Bergamín - Cruz y Raya, 15 de julio de 1933

LA SOCIEDAD DE MENÉNDEZ Y PELAYO de Santander publica en el número correspondiente a abril-mayo-junio de 1933 del Boletín de Menéndez y Pelayo, la conferencia que sobre el gran maestro dió en la Universidad de Berlín el, entonces, Embajador de España en Alemania, Luis Araquistain.

No creemos que pueda hacerse ningún comentario más justo, igualmente honroso para sus causantes, que el de consignar estos dos hechos: la conferencia de Araquistain y el especial agrado con que la publicación santanderina la recoge. Para subrayarlo nos limitamos a copiar textualmente un párrafo de Araquistain que sintetiza el criterio de su conferencia, que si es ejemplar por su veracidad en el comentario, lo es mucho más aún -dadas las circunstancias en que se produjo, dentro y fuera de España- por la nobleza de conducta que nos revela. Rectitud y generosidad de conducta que contrasta no poco con tantas otras en circunstancias parecidas o equivalentes.

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Las manos vacías

José Bergamín - Cruz y Raya, 15 de julio de 1933

Hay que rectificar el perfil de la República -dijo José Ortega y Gasset-; hay que rectificar su estilo -se ha dicho y repetido por ahí-. ¿El perfil? ¿El estilo? ¿Tuvieron, o tienen, los que han legislado y gobernado, los que legislan y gobiernan la cosa pública en España, durante estos dos últimos años, un estilo? ¿O, más bien, no serían maneras? Muy malas maneras. Maneras, que no estilo. Maneras o manera de gobernar, o de decir y figurarse que se gobierna desgobernando. Manera o maneras de manos: la derecha o la izquierda o las dos juntas; que los hay ahora ambisiniestros como antes los hubo ambidiestros en gobernar o desgobernar; diestros y siniestros, análogamente, en el desgobierno, por el amaneramiento político, teatral o policíaco.

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La formación psicológica de un escritor

Pío Baroja - Cruz y Raya, 12 de mayo de 1935

LAS IDEAS POLÍTICAS
Por los años en que yo era estudiante se intensificaron en España las luchas sociales y comenzaron a actuar con energía y a manifestarse con hostilidad mutua el socialismo y el anarquismo. Yo me sentía, como he dicho, anarquista, partidario de la resistencia pasiva recomendada por Tolstoi y de la piedad como lector de Schopenhauer y como hombre inclinado al budismo.

No fuí nunca simpatizante de las doctrinas comunistas. El dogma cerrado del socialismo no me agradaba. Tampoco cogí del anarquismo su pretendida parte constructiva. Me bastaba su espíritu crítico, medio literario, medio cristiano. Después reaccioné contra estas tendencias y me sentí darwinista y consideré, como espontáneamente consideraba en la infancia, que la lucha, la guerra y la aventura eran la sal de la vida.

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Conferencia en el Ateneo de San Sebastian

Pío Baroja - Cruz y Raya, 15 de noviembre de 1933

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Si la sociedad puede sostenerse tensa con una idea racionalista y relativista, nadie lo sabe. Ya los rusos, como desconfiando de toda teoría relativista, convierten el comunismo en religión, a Lenin en profeta y hacen que la Dialéctica de Hegel, que no parece más que un juego de seminario laico, se considere algo de un rigor científico absoluto.

Por ahora, el monoideísmo y el espíritu sectario es lo que produce la acción; las gentes agnósticas, saturadas de relativismo y de libre examen, con pluralidad de ideas, viven entre dudas y vacilaciones.

No hay hombre de espíritu relativista y comprensivo capaz de ordenar las matanzas que ordenaron los Lenin, los Trotsky y los Zinovief en Rusia, ayudados por unos judíos descendientes, sin duda, del mal ladrón, a juzgar por sus intenciones. Tampoco manda una persona de buen sentido las estúpidas matanzas que se hicieron en España en Casas Viejas. Para eso hay que ser un fanático y un pedante, fruta que abunda entre los políticos rusos y entre los españoles.

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España ha dejado de ser católica

Manuel Azaña - El Sol, 14 de octubre de 1931

El Sr. Ministro de la Guerra (Azaña): Pido la palabra.

El Sr. Presidente: La tiene S.S.

El Sr. Ministro de la Guerra: Señores, Diputados: Se me permitirá que diga unas cuantas palabras acerca de esta cuestión que hoy nos apasiona, con el propósito, dentro de la brevedad de que o sea capaz, de buscar para las conclusiones del debate lo más eficaz y lo más útil. De todas maneras, creo que yo no habría podido excusarme de tomar parte en esta discusión, aunque no hubiese sido más que para desvanecer un equívoco lamentable que se desenvuelve en torno de la enmienda formulada por el Sr. Ramos, y que algunos grupos políticos de las Cortes acogieran.

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Gobernará Lerroux

José Astrana Marín - Gráfica Universal, 1932

LA GRAN FIGURA DE ESPAÑA

Desde que Alejandro Lerroux apareció en la política todos vieron en él al supremo caudillo de la Democracia, todos le saludaron como la esperanza más firme de la República. En torno suyo agrupó cuanto representaba libertad, ansia de romper la dilatada cadena de desdichas del pasado y vehemente deseo por que España volviera a figurar en el rango de las primeras potencias de Europa. No hay que esforzar el recuerdo: cuanto entre nosotros ha significado confianza en el porvenir de la República, militó bajo las banderas de Lerroux.

LA GRAN FIGURA DE ESPAÑA

Desde que Alejandro Lerroux apareció en la política todos vieron en él al supremo caudillo de la Democracia, todos le saludaron como la esperanza más firme de la República. En torno suyo agrupó cuanto representaba libertad, ansia de romper la dilatada cadena de desdichas del pasado y vehemente deseo por que España volviera a figurar en el rango de las primeras potencias de Europa. No hay que esforzar el recuerdo: cuanto entre nosotros ha significado confianza en el porvenir de la República, militó bajo las banderas de Lerroux.

El sindicato nacionalista

José Ariztimuño «Aitzol» - El Día, 19 de julio de 1931

La iniciación de la campaña social de EL DIA, ha sido un estimulante intensísimo. La opinión guipuzcoana hambreaba el que, con sinceridad y valentía, se acometiera el estudio del problema social, tal como se halla planteado en el País Vasco. Prueba elocuente, las cartas, comunicados y trabajos que, de diversas partes, nos llegan y las visitas, tanto de personas prestigiosas como de obreros honradísimos y conscientes, que al prestarnos su aliento nos ofrecen, sin reservas, su colaboración. Conste nuestra gratitud para todos ellos.

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